LA LLAVE

LA LLAVE DE ABRAHAM

Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra. Génesis 12:3 En este versículo Yahveh nos habla de bendición y maldición. La palabra bendición nos habla […]

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INGLATERRA, DONDE ESTA TU ELOHIM – DIOS

Génesis 12.3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré…. En días pasados estaba conversando con mi PADRE Celestial y le hice una pregunta: Padre, por qué, si Inglaterra se abstuvo de votar para la […]

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ES TIEMPO DE ORAR

  Lucas 18:1 Y les dijo también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar, La mejor forma de que las personas hagan las cosas, es que estén bien motivadas, y por eso queremos motivarlos a orar, […]

 

EL PADRE CELESTIAL SIEMPRE LLEGA A TIEMPO

Un amigo me envio este mensaje y lo comparto con ustedes, porque algo similar sucedió en mi vida en el año 1977.

El niño se puso su ropa para el frío y le dijo a su padre: OK, papá, estoy listo’. Su papá, el Pastor, le dijo, ¿Listo para qué?’  ‘Papá, es hora de ir afuera y repartir nuestros volantes. ‘El papá respondió, ‘Hijo, está muy frío afuera y está lloviznando.’ El niño miró sorprendido a su padre y le dijo, ‘Pero Papá, la gente necesitan saber del Padre Celestial aún en los días lluviosos.’ El Papá contestó, ‘Hijo yo no voy a ir afuera con este tiempo.’ Con desespero, el niño dijo, ¿Papá, puedo ir yo solo? ¿Por favor? Su padre titubeó por un momento y luego dijo, ‘Hijo, tú puedes ir… Aquí tienes los volantes, ten cuidado.’ ‘Gracias papá!’

Y con esto, el hijo se fue debajo de la lluvia. El niño de 11 años caminó todas las calles del pueblo, repartiendo los volantes a las personas que veía.  Después de 2 horas caminando bajo la lluvia, con frío y su último volante, se detuvo en una esquina y miró a ver si veía a alguien a quien darle el volante, pero las calles estaban totalmente desiertas. Entonces él se viró hacia la primera casa que vio,  caminó hasta la puerta del frente, tocó el timbre varias veces y esperó, pero nadie salió.

Finalmente el niño se volteó para irse, pero algo lo detuvo. El niño se volteó nuevamente hacia la puerta y comenzó a tocar el timbre y a golpear la puerta fuertemente con los nudillos. Él seguía esperando, algo lo aguantaba ahí frente a la puerta. Tocó nuevamente el timbre y esta vez la puerta se abrió suavemente.  Salió una señora con una mirada muy triste y suavemente le preguntó: ‘Qué puedo hacer por ti, hijo.’ Con unos ojos radiantes y una sonrisa que le cortaba las palabras, el niño dijo:

Señora, lo siento si la molesté, pero sólo quiero decirle que…*EL PADRE CELESTIAL REALMENTE LA AMA * y vine para darle mi último volante, que habla sobre EL y SU GRAN AMOR.

El niño le dio el volante y se fue. Ella solo  dijo: ‘GRACIAS, HIJO, y que él te bendiga.’

Bien, el siguiente servicio en la Congregación por la mañana el pastor estaba en el púlpito y cuando comenzó el servicio preguntó: ‘Alguien tiene un testimonio ó algo que quiera compartir?

Suavemente, en la fila de atrás de la Congregación, una señora mayor se puso de pie. Cuando empezó a hablar, una mirada radiante y gloriosa brotaba de sus ojos: ‘Nadie en esta Congregación me conoce. Nunca había estado aquí, incluso todavía la semana pasada no era creyente.

Mi esposo murió hace un tiempo atrás dejándome totalmente sola en este mundo…. El domingo pasado fue un día particularmente frío y lluvioso, y también lo fue en mi corazón; ese día llegué al final del camino, ya que no tenía esperanza alguna ni ganas de vivir. Entonces tomé una silla y una soga y subí hasta el ático de mi casa. Amarré y aseguré bien un extremo de la soga a las vigas del techo; entonces me subí a la silla y puse el otro extremo de la soga alrededor de mi cuello. Parada en la silla, tan sola y con el corazón destrozado, estaba a punto de tirarme cuando de repente escuché el sonido fuerte del timbre de la puerta. Entonces pensé, ‘Esperaré un minuto y quien quiera que sea se irá’. Yo esperé y esperé, pero el timbre de la puerta cada vez era más insistente, y luego la persona  comenzó a golpear la puerta con fuerza.

Entonces me pregunté, QUIEN PODRÁ SER? Jamás nadie toca mi puerta ni vienen a verme! Solté la soga de mi cuello y fui hasta la puerta, mientras el timbre seguía sonando cada vez con mayor insistencia. Cuando abrí la puerta no podía creer lo que veían mis ojos, frente a mi puerta estaba el más radiante y angelical niño que jamás había visto. Su sonrisa, oh, nunca podré describirla! Las palabras que salieron de su boca hicieron que mi corazón, muerto hace tanto tiempo, volviera a la vida, cuando dijo con voz de querubín:  ‘SEÑORA , sólo quiero decirle que el Padre Celestial realmente la ama.’

Cuando el pequeño ángel desapareció entre el frío y la lluvia, cerré mi puerta y leí cada palabra del volante. Entonces fui al ático para quitar la silla y la soga. Ya no las necesitaría más. Como ven ahora soy una hija feliz del REY. Como la dirección de la Congregación estaba en la parte de atrás del volante, yo vine personalmente decirle GRACIAS a ese pequeño ÁNGEL DEL PADRE que llegó justo a tiempo y, de hecho, a rescatar mi vida de una eternidad en el infierno.’

Todos lloraban en la Congregación. El Pastor bajó del pulpito hasta la primera banca del frente, donde estaba sentado el pequeño ángel; tomó a su hijo en sus brazos y lloró incontrolablemente.

El Padre amoroso bendiga tus ojos por leer este mensaje. No permitas que este mensaje muera de frío; después de leerlo, pásalo a otros.

Recuerda, este mensaje puede hacer una gran diferencia en la vida de alguien cerca de ti..

Lucas 18,27: el les dijo: lo que es imposible para los hombres, es posible para Yahvéh”.

El problema con muchos de nosotros es que no creemos que nuestro Padre abrirá una ventana y derramara bendiciones que no tendremos lugar para recibirlas.

Nuestro Padre Celestial es fiel a su palabra, El  no puede mentir y sus promesas son seguras.

(1) usted encontrará favor de alguien de quien usted no espera;

(2) usted será demasiado relevante para ser ignorado;

(3) usted se encontrará con el Padre Celestial y usted nunca será igual otra vez.

Pastor Ricardo Chaparro